Historia y fe

Historia

Denominado formalmente Instituto Superior Iglesia Evangélica Congregacional (ISIEC), comenzó en el año 1940 con el nombre de Seminario para Predicadores. Una vez constituida la Iglesia Evangélica Congregacional en la Argentina, y en virtud de su crecimiento, se pensó en la posibilidad de enviar a un buen número de jóvenes al seminario de la iglesia homónima en los Estados Unidos, entidad que en esos tiempos llevaba a cabo la enseñanza en alemán. El plan fracasó porque el gobierno argentino no lo autorizó, temiendo que los jóvenes aspirantes buscaran de esta forma escapar al servicio militar obligatorio. En consecuencia, la misión en los Estados Unidos siguió enviando misioneros a nuestro país para colaborar con los pastores locales.

Con todo, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial el reverendo Otto J. Tiede, que ejercía su misión en el Brasil, se vio en la necesidad de retirarse de dicho país a causa de la persecución que se desató contra los alemanes. Por recomendación de las autoridades de la misión congregacionalista se trasladó a la Argentina, y al comprobar que ya había dos misioneros trabajando en relación con las congregaciones existentes, consideró oportuno iniciar un Seminario para Predicadores, eligiendo para ello la localidad de Concordia, Entre Ríos. Tiede estuvo al frente del seminario desde su fundación hasta 1947, cuando fue sucedido por el misionero Frederick Schneider y su esposa (que estuvieron un total de doce años, divididos en dos períodos). A continuación de Schneider estuvo el misionero Herbert Schaal (también por un total de doce años, divididos en dos períodos). La docencia de Schaal se caracterizó por su orientación teológica, en tanto que otro misionero que cumplió funciones docentes fue Harold Goldmann, cuya enseñanza estaba orientada más bien hacia los estudios bíblicos.

Inicialmente el Instituto funcionó en la ciudad de Concordia, en 1946 se adquirió la propiedad de calle Alberdi 140, que posteriormente fue expropiada por el gobierno nacional para ser destinada a fines de interés público. El instituto pasó a funcionar en las instalaciones del templo congregacional de la ciudad.
En los primeros años las clases se dictaban en alemán, pero a partir del año académico 1971 se impuso el castellano. En 1975 y 1976 fue director interino del instituto el pastor Erich Würfel (en reemplazo temporal de Erhard Serfas, quien había sido becado para realizar estudios teológicos en Alemania).

Posteriormente se decidió trasladar el Instituto a la ciudad de Urdinarrain, teniendo en cuenta las ventajas que para la obra de la denominación significaría dicho traslado. En consecuencia, se adquirió un terreno de aproximadamente once hectáreas, donde se levantaron las actuales instalaciones. El traslado a esta ciudad se realizó en el año 1978.
En marzo de 1995, al iniciarse el año académico, el pastor Erhard Serfas, quien dirigió el seminario durante nada menos que 31 años, entregó el cargo de director al pastor Oscar Fuchs , quien fue luego sucedido Elbio Oscar Huck, Emilio R. Wagner, Enrique Ruloff, Armando Nass y desde Marzo del año 2017 a la actualidad, la dirección del ISIEC está a cargo del Pastor Paulo E. Graumann.
Si bien en varias oportunidades albergó estudiantes provenientes de otras denominaciones cristianas, es a partir del año 2005 en que oficialmente abre sus puertas a todo el Cuerpo de Cristo, siendo una institución de apertura interdenominacional.

¿En qué creemos?

Declaración de Fe

La Biblia: Creemos que las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, tal como fueron originalmente dadas, son inspiradas por Dios, completamente Palabra de Dios. Por esa razón ella es la única regla de fe y suprema autoridad para nuestras vidas. (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20-21).
Dios: Creemos que hay un solo Dios, eterno, creador del hombre y de todas las cosas visibles e invisibles. Él se ha manifestado a la humanidad como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, quienes son tres personas iguales en perfección divina y co-eternas, unidas en todo propósito, a lo que denominamos «la trinidad».
Cristo: Creemos que Cristo es el eterno Hijo de Dios (Hebreos 1: 2-3). Él es la manifestación misma del Dios invisible (Filipenses 2:6; Colosenses 1:15-17), que fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen, tomando así forma de hombre (Juan 1:2-3, 14). Creemos que Cristo fue crucificado en una cruz, muerto, sepultado y que resucitó de entre los muertos al tercer día conforme a Las Escrituras. Creemos que fue levantado hacia el cielo y está sentado a la diestra del Padre, siendo el único mediador entre Dios y los hombres (I Timoteo 2:5) y que sólo en él hay salvación (Hechos 2:38). Creemos que volverá por segunda vez a salvar eternamente a los que han creído en El, tanto vivos como muertos. (I Corintios 15: 20-23; Tito 2:11-14)

El Espíritu Santo: Creemos que el Espíritu Santo es una persona; y que es eterno junto con el Padre y con el Hijo (Hechos 5:3-4). Forma parte de la obra redentora de Dios convenciendo al hombre de pecado, regenerando y santificando a los creyentes.
El Espíritu Santo: Creemos que el Espíritu Santo es una persona; y que es eterno junto con el Padre y con el Hijo (Hechos 5:3-4). Forma parte de la obra redentora de Dios convenciendo al hombre de pecado, regenerando y santificando a los creyentes.
El Hombre: Creemos que la raza humana, creada por Dios a su imagen y semejanza, por la desobediencia de Adán padece del pecado original, y que a no ser por la obra redentora de Cristo permaneceríamos enemistados con Dios (Romanos 8:7), sin posibilidad de ser reconciliados con él.
La Salvación: Creemos que Dios en su infinita misericordia y gracia proveyó la salvación al hombre por medio de la obra redentora de Jesucristo, llevando nuestros pecados en su cuerpo en la cruz (I Pedro 2:24). Esta se recibe únicamente por la fe en Cristo Jesús, y no por obras. La salvación es completada por la tarea convencedora y regeneradora del Espíritu Santo quien produce en nosotros la fe y el arrepentimiento de nuestros pecados, lo cual se hace manifiesto en una vida caracterizada por la obediencia a la voluntad de Dios tal como lo establece la Biblia (Mateo 7:21-23; Efesios 2:10)
La Iglesia: Creemos que los que han puesto su fe en Cristo son parte de su cuerpo, el cual es la iglesia y del cual El, Cristo, es la cabeza.  La iglesia está compuesta por todos aquellos que han nacido de nuevo en Cristo. Los miembros de este cuerpo son dotados de dones por medio de Dios para el propio funcionamiento de la iglesia y se reúnen en congregaciones locales con el  propósito de edificarse mutuamente en Cristo, y evangelizar al mundo. (I Corintios 12:12-13)

Cristiano: Un cristiano es alguien que ha nacido de nuevo (nacido del Espíritu Santo) y por lo tanto es un hijo de Dios.  Es miembro de la familia de Dios (Efesios 2:19). Es miembro del cuerpo de Cristo, la Iglesia. Es además miembro activo de una congregación local donde funciona junto con otros cristianos para el fortalecimiento y la edificación del cuerpo de Cristo (Hebreos 10:25; Efesios 4:11-16). Un verdadero cristiano permanece en Cristo, crece en la Gracia y el conocimiento y persevera hasta el fin.
Santidad: Creemos que cada persona que está en Cristo es  ya santificada, o sea, apartada para Dios, en cuanto a su posición ante él. Dios ha hecho provisión mediante la obra de Cristo y el ministerio del Espíritu Santo para que el creyente pueda vencer el pecado y crecer en santidad. Consideramos la santidad como norma de vida, dada por Dios a su pueblo (He. 12:14; 1 P. 1:14-16; Lev. 19:2). La santificación del creyente no será completa hasta el día de la redención final. (1 Co. 1:2; Ro. 6:6, 11-13; Gá. 5:16; Ef. 1:7; 4:30; 1 Ts. 5:23; 1 Jn. 3:2).
El testimonio: Cada cristiano tiene como mandato testificar del evangelio.  Esta orden es la gran comisión que incluye a hombres y mujeres nacidos de nuevo.  Es nuestra tarea como creyentes sembrar la semilla del evangelio en el corazón de los hombres, con palabras y acciones. El Espíritu Santo se encargará de hacer su obra de convicción y producirá la fe y el arrepentimiento en la persona.
Últimas cosas: Creemos que Jesucristo volverá, el tiempo solo él lo sabe. Será una venida física y visible para juzgar a vivos y muertos. Los muertos serán resucitados, los que han creído en Cristo para bendición eterna, y los que no creyeron, para perdición eterna. (Juan 5:29; Apocalipsis 20:11-15).